La uña se clava en la piel, causando dolor, inflamación e infección. Puede tratarse de forma conservadora o quirúrgica, según la gravedad.
Infección fúngica que provoca engrosamiento, decoloración y fragilidad. Se trata con antifúngicos tópicos, orales o láser.
Golpes o presiones repetidas que deforman la uña o provocan hematomas. Se puede drenar, remodelar o reeducar la uña.
Deformaciones causadas por enfermedades sistémicas, traumatismos o infecciones previas. Se tratan con limado, reeducación ungueal o reconstrucción con materiales específicos.
El podólogo realizará una revisión exhaustiva para identificar problemas específicos como callosidades, durezas, uñas encarnadas, úlceras o cualquier otra afección podológica que pueda afectar la calidad de vida del paciente.
Aplicación de tratamientos específicos según las necesidades del paciente. Esto incluye la eliminación de callosidades, cuidado de uñas, tratamiento de infecciones o heridas, y medidas correctivas para aliviar el dolor y mejorar la movilidad.
Se ofrecerá un plan personalizado de cuidados, incluyendo orientación para el mantenimiento de la salud podológica, uso de productos adecuados y, si es necesario, recomendaciones para el uso de plantillas o calzado especializado. Se garantizará un seguimiento continuo para monitorizar la evolución del tratamiento.